domingo, 31 de diciembre de 2006

Miquel Martí i Pol


TEMPS GUANYAT 

El desamor com una gran peresa 
que amaga el nom i trenca tots els ritmes. 
Recordo vells arraps majestuosos, 
lúbrics potser i sobretot ingenus, 
i recordo capvespres temptadors 
proa d´una mar només imaginada. 
La història és record i és lentitud, 

una troca de fil que es descabdella 
compassant-ne el sentit amb els dits balbs 
de la memòria, per recuperar-ne 
moviments i propòsits d?una fonda, 
insospitada i fràgil placidesa. 
Cap temps no es perd, i al pou del sentiment 
l´aigua sempre es renova i vivifica 
la necessària set, el gran batec 
amb qué el desig posa a prova la vida. 






TIEMPO GANADO 


El desamor como una gran pereza 
que esconde el nombre y rompe todo ritmo. 
Recuerdo viejos abrazos majestuosos, 
lúbricos quizás y sobre todo ingenuos, 
y recuerdo atardeceres tentadores 
cerca de un mar tan sólo imaginado. 
La historia es recuerdo y lentitud, 
una madeja de hilo que se desovilla 
acompasando su sentido con los dedos ateridos 
de la memoria, rescatando de ella 
movimientos y propósitos de una honda, 
insospechada y frágil placidez. 
No se pierde tiempo alguno, y en el pozo del sentimiento 
el agua siempre se renueva y vivifica 
la necesaria sed, el gran latido 
con que el deseo pone a prueba la vida. 



Después de todo, 2004



Sylvia Plath


FILO 

La mujer alcanzó la perfección. 
Su cuerpo 

muerto muestra la sonrisa de realización; 
La apariencia de una necesidad griega 

fluye por los pergaminos de su toga; 
sus pies 

desnudos parecen decir: 
hasta aquí hemos llegado, se acabó. 

Los niños muertos, ovillados, blancas serpientes, 
uno a cada pequeña 

jarra de leche, ahora vacía. 
Ella los ha plegado 

de nuevo hacia su cuerpo; así los pétalos 
de una rosa cerrada, cuando el jardín 

se envara y los olores sangran 
de las dulces gargantas profundas de la flor de la noche. 

La luna no tiene por qué entristecerse, 
mirando con fijeza desde su capucha de hueso. 

Está acostumbrada a este tipo de cosas. 
Sus negros crepitan y se arrastran.



Beatriz Hernanz


Después del tiempo de las espadas 
vuelvo a casa sin llaves, sin derrotas, 
emerjo del agua que se enrosca en mi frente, 
sin anestesia local. Me invento otro dolor. 
Nada es igual. Ya no conozco el camino. 

Y golpea la nostalgia con sus cuchillos secretos, 
como desesperación celeste de un jaguar, 
como maleta cerrada de un viajero sin tiempo. 
La verdad todavía es posible en las palabras. 
Y brotan mares que se bifurcan en mi carne cancelada. 
No quiero oír la ausencia, 
ni tocar mi dolor abrasado por la huída. 
Una mano es una red de senderos que el abandono 

araña.




De La vigilia del tiempo

Amélie Nothomb


Los ojos de los seres vivos poseen la más sorprendente de las virtudes: la mirada. No existe nada tan singular. De las orejas de las criaturas no decimos que poseen una "escuchada", ni de sus narices que poseen una "olida" o una "aspirada". 

¿Qué es la mirada? Ninguna palabra puede aproximarse a su extraña esencia. Y, sin embargo, la mirada existe. Incluso podría decirse que pocas realidades existen hasta tal punto. 

¿Cuál es la diferencia entre los ojos que poseen una mirada y los ojos que no la poseen? Esta diferencia tiene un nombre: la vida. La vida comienza donde empieza la mirada. 



De Metafísica de tubos

Inmaculada Mengíbar


POCA COSA 

Bastante poca cosa, a simple vista. 
Demasiado delgado, 
para mi gusto. 
Un tanto 
insípido, anodino. 
Alguien 
que no te dice nada especialmente. 
Y, sin embargo, aquella noche supe 
que si al día siguiente me telefoneaba, 
me acostaría con él. 
Y telefoneó. 

Mucho mejor de cerca que de lejos, 
tierno y obsceno al mismo tiempo y dulce 
como un terrón de azúcar en la boca, 
decidí que tendría que probarlo 
una vez más. 

Y más tarde 
fue otra y otra y otra y otra y otra y 
tuve miedo al pensar 
dónde podría llevarme todo aquello. 

Ir poniendo tierra de por medio fue mi modo de huir 
y él tampoco hizo mucho por quitarla. 
Pero una de las últimas noches me pidió, 
tierno y obsceno al mismo tiempo 
y dulce 
como el terrón de azúcar de su lengua en mi boca, 
que le escribiera un poema. Entonces yo, 
bajo un impulso extraño, 
en un intento 
de llevármelo conmigo a un lugar 
muy cerca del peligro, le propuse: inspíramelo tú. 

De habérmelo inspirado, 
quién sabe lo que ahora le estaría escribiendo.





Vicente Gallego


ÉCHALE A ÉL LA CULPA 


Hoy te has ido de fiesta con amigas, 
y sin que tú lo sepas me regalas 
un tiempo de estar solo que ya empieza 
a ser raro en mi vida, un tiempo útil 
para intentar pensar en ti como si fueras 
lo que siempre debiste seguir siendo 
cuando pensaba en ti: aquella persona, 
en todo semejante a cualquier otra, 
que una noche lejana tuvo el gesto 
generosos y extraño de entregarme su amor. 
Pero el amor nos cambia, nos convierte en espías 
ridículos del otro, en implacables jueces 
que condenan sin pruebas y comparten 
sus estúpidas penas con el reo. 
El amor nos confunde y trata ahora 
de que vea en tu fiesta una traición. 

Por huir de esa trampa me amenazo 
con los nombres que cuadran al que cae en su vacío: 
egoísta, ridículo, inseguro, celoso... 
Y como un ejercicio de humildad pienso en ti 
Divirtiéndote sola: te imagino bailando 
Y mirando a otros hombres; 
Al calor del alcohol 
confiesas a una amiga algunas cosas 
que te irritan de mí sin que yo lo sospeche, 
y por unos instantes saboreas 
una vida distinta que esta noche te tienta 
porque eres humana, aunque no me haga gracia. 

Ahora caigo en la cuenta de que dudas 
como yo dudo a veces, y que también te aburres, 
y que algún día habrás soñado 
follar como una loca con el tipo que anuncia 
la colonia de moda. 
Para calmarme un poco 
tras la última idea, yo me digo 
que el amor es un juego donde cuentan 
mucho más los faroles que las cartas, 
y procuro ponerme razonable, 
pensar que es más hermoso que me quieras 
porque existen las fiestas, y las dudas, 
y los cuerpos de anuncio de colonia. 

Lo que quiero que sepas es que entiendo 
mejor de lo que piensas ciertas cosas, 
que soy tu semejante, que he pensado besarte 
cuando llegues a casa; y que es el amor 
-ese tipo grotesco y marrullero- 
el que va a hacerte daño con palabras 
absurdas de reproche cuando vuelvas, 
porque ya estás tardando, mala puta.



Raymond Carver


ÚLTIMO FRAGMENTO 

¿Y conseguiste lo que 
querías de esta vida? 
Lo conseguí. 
¿Y qué querías? 
Considerarme amado, sentirme 
amado en la tierra.



Ana Merino


DESPEDIDA 


Me arropo con la fiebre 
y no encuentro murmullo que despegue mis labios, 
y todas esas bocas que mastican mi nombre 
se cierran con los párpados caídos en la alfombra. 

Y dentro de mis sueños mi lengua se divide, 
y mis ojos se abren hacia un mundo ficticio 
que encadena palabras y sombras sobre un pecho 
ahogado en el perpetuo disfraz de la esperanza. 




EN PAZ 


Me quedé sin voz, 
comenzó el otoño y mi pelo dejó de crecer, 
y en el paladar se adormecía mi silencio. 

Me quedé agachada en los portales 
confundiendo los números, 
y perdí mi sombra, 
y dejé caminar para arrugarme en las esquinas. 

Me hice de noche para enterrarme de día 
y no reconocí más espacio que el ajeno 
donde algunos juegan a volverme invisible. 

Mañana será invierno y no habrá cristal 
que cierre mis ojos 
cuando los túneles decidan vestirse de hielo; 

y todo porque un día me até a la soledad 
escapando de lo cotidiano, 
con el infinito embotellado 
y un pedazo de futuro envuelto en una manta. 




De Los días gemelos




Violeta Rangel


EN fin, así quedó la cosa, 
hice lo que pude por vivir. He trabajado 
cómo y dónde dios me dio a entender. 
A ratos el amor presté por nada, 
otras veces lo pagué 
(siempre se acaba por pagar 
con este menda). Ahora, a ver qué hago, 
me cobra todo junto y a su modo: 

en carne, en asco, en tralla, 
en vaselina. 




De La posesión del humo

Carmelo Guillén Acosta


POEMA (SENTIMENTAL) DE AMOR 


Contigo al fin del mundo y acabamos en cáceres 
no llegamos más lejos porque el mundo termina 
donde el corazón quiere nunca en otro lugar 
por eso me decía contigo al fin del mundo 
y yo preso en sus ojos creía que era aquello 
si no el fin del mundo al menos su antesala 
es cáceres me dijo y miré su mirada 
en ella me perdí como en la ciudad. 



INTIMIDADES 


Te diré que te quiero en las oscuras sombras 
de tus dedos al filo de las uñas que arreglo 
en el café puntual con cruasán mientras cae 
una gota de agua del grifo del baño 
también en el paseo cogida a mi cariño 
como si no tuvieras otra esquina a que asirte 
o a punto de beberme un segundo café 
sólo porque te agrada mirarte en mi mirada 

te diré que te quiero también al mediodía 
cuando escucho en tus labios una copla con ángel 
y sueltas que me quieres siempre el mismo estribillo 
así que ya lo sabes y recojo los platos 
y friego mientras tú no me pierdes de vista 

y exactamente ocurre que te quiero y de nuevo 
volvemos al café esta vez porque quieres 
y son casi las cinco y habíamos quedado 
con alguien nos bajamos lavo antes las tazas 
tú te coges a mí a quién mejor si no 
abajo ya con alguien te digo que te quiero 
en la manera mía de servirte el café 
y después de un buen rato mirándonos volvemos 
a casa y tras la cena fuera televisor 
ni estrellas en el cielo otro café cargado 
me miras y te miro y te digo que te quiero 
mientras en la cocina hierve la cafetera 
así un día y otro no hacemos otra cosa 
que pasarnos la vida digo yo este amor 
a base de café a los dos nos encanta 
estarnos desvelados ser la mar de conscientes 
de que no nos podemos perder ni un solo instante 
de este querer sin fin y digo que te quiero 
también cuando te quiero cómo no sin azúcar 
que es como mejor me va saborearte 
ya sabes en su punto antes de que se enfríe 





Quedar con alguien, Colección abeZetario, 2002




Eloy Sánchez Rosillo


REINCIDENCIAS 


Pretendemos a veces 
ordenar nuestra vida 
de otra forma. Y decimos: 
" Desde mañana, nunca, 
nunca más; ni se puede 
seguir as?". Quisiéramos 
que nada nos atara 
a lo que ya hemos sido. 
Le cerramos las puertas 
a la memoria, y vamos 
poco a poco adquiriendo 
habilidad, destreza 
en el arte difícil 
de olvidar. 

Avanzamos 
con pasos inseguros 
por extraños paisajes 
desconocidos. Brilla 
un sol raro en el cielo. 

Y al cabo llega un día 
en el que aseguramos 
que por fin ya somos 
lo que éramos. 

Tiene 
nuestra imagen un aire 
distinto en los espejos 
recientes de esta luz. 
Con cuánta confianza 
decimos: "Nada queda 
de todo aquello; ahora 
es posible de nuevo 
comenzar". 

Pero ocurre 
de pronto algo imprevisto: 
una tarde de lluvia, 
un libro, unas palabras 
que alguien dice al pasar, 
una música, un rostro, 
la soledad de un árbol, 
la luna que recorre 
muy lentamente el cielo 
de una noche de julio. 
Y este azar, con la fuerza 
de lo que no esperábamos, 
nos despoja de súbito 
del sueño de ser otros. 

No era verdad que hubiéramos 
emprendido el viaje: 
al despertar, miramos 
con sorpresa la casa 
desde la que creíamos 
haber partido. 
Y vuelve 
nuestra vida a sus cosas 
y a las viejas costumbres.



Espido Freire


ARAÑAS Y MARIPOSAS, 13 



En el momento de morir sintió un pinchazo en el abdomen. Descubrió entonces que la belleza de sus alas no le servía, y que la exhibirían perpetuamente bajo un cristal en la pared. 


De Cuentos malvados 





Ángel Petisme


LA VIDA 


INGREDIENTES: 

- Un par de huevos u ovarios. 
- Un vaso de ¡azúcar! 
- Una balsa de aceite. 
- Una tonelada de polvos. 
- Un pellizco de desasosiego, aromático y fresco. 
- Un chorrito de whisky. 

Se mezcla todo con la batidora (hay gente que utiliza hormigonera, pero no es lo mismo) excepto el dolor que se corta en forma de luna. Se puede añadir, según los gustos, un limón y medio limón rallados. Prestar atención a la masa o la pasta de la tarta. Cuanta más pasta menos energía se transforma. Con kilo y medio de levadura basta. 
Se pone todo en un molde y se mete al horno. 
Antes de sacar la Vida del horno, se puede poner por encima mermelada de albaricoque. 
Dejar reposar y después servirla generosamente. 

Nota: Esta receta no suele salir a la primera. Insistir. 



De Buenos días, colesterol



Luis García Montero


Y MIRARSE A LOS OJOS 


HAN pasado los vientos 
y mirarse a los ojos no es sencillo. 

Vivir esta ciudad 
es pisar un jardín de tachaduras, 
la presencia infectada de lo que ya no existe, 
de lo que fue recinto del invierno 
o refugio del sol, 
teatro de las lluvias y de los conocidos. 

Recorrer la memoria de las habitaciones 
es provocar la niebla del interrogatorio. 
Y no deben hablar, pero se anulan 
en un silencio turbio 
que delata el pasado de las sombras pacíficas, 
los cristales hirientes por donde pisa el orden, 
las botellas guardadas en mensajes vacíos. 

Porque apago las horas 
con el interruptor de los olvidos 
y retumban los pasos en el sótano. 
Imagínate tú, la habitación, 
las llaves en la puerta, 
los tacones que cruzan el pasillo, 
la cremallera seca 
y el cuerpo que no ofrece libertad, 
sino cansancio, 
calor de más, excusas previsibles. 
Así llegan los sueños, 
mártires descentrados de un corazón maniático. 

Han pasado las leyes del honor y la vida, 
las mejores palabras, 
y mirarse a los ojos no es sencillo.





HISTORIA DE UN TELÉFONO 


Teléfono que suenas en medio de la noche 
y con palabras lentas me conduces 
al lugar de la vida recordada, 
al lugar del insomnio. 

Es una voz inútil, 
muy bebida, quiere apoyarse, busca 
el hombro más difícil de la muerte 
y los silencios pesan aún más que las palabras. 

Porque el dolor es nada si debajo 
no suenan las canciones de los días felices, 
la intimidad del conjurado, 
llámame cuando puedas, 
me gusta aquel muchacho de la barra, 
qué postura llevamos a la reunión del viernes, 
acabo de comprarte "Las personas del verbo". 
A través del teléfono llegaban 
las historias de amor, los libros, la política. 

Una roca sin árboles la vida, 
una roca sin árboles, me dices, 
inútil, peligrosa 
sin un motivo para levantarse 
en medio del océano. 

Y la noche se calla, me rodea. 
Yo conozco ese frío de la voz, 
esa herida en el agua, 
no me resulta extraño 
lo que mecen las olas del silencio, 
la noche sin pudores ni mentiras, 
las palabras del miedo, el alcohol desvalido, 
la botella de un náufrago. 
Lo que pudo existir brilla un instante,
luego deja sus sombras marcadas para siempre.
Fue un tiempo de soñar, y sin embargo
estaban ya las cartas repartidas.*





(* Y me encuentro, también en medio de la noche, varias llamadas y un mensaje resolutivo aparcado sorprendentemente en mi teléfono, inquietándolo, haciéndole temblar con la impronta de apariciones ya lejanas. Y tras la conmoción por lo insólito, me llega instantáneamente el recuerdo de estos cuatro versos con su bella y acertada sentencia.

Era MalaYerba, en rememoriaciones de sátiro ebrio, mostrándome su carta escondida.) 






TÚ ME LLAMAS, AMOR, YO COJO UN TAXI *



Tú me llamas, amor, yo cojo un taxi, 
cruzo la desmedida realidad 
de febrero por verte, 
el mundo transitorio que me ofrece 
un asiento de atrás, 
su refugiada bóveda de sueños, 
luces intermitentes como conversaciones, 
letreros encendidos en la brisa, 
que no son el destino, 
pero que están escritos encima de nosotros. 

Ya sé que tus palabras no tendrán 
ese tono lujoso, que los aires 
inquietos de tu pelo 
guardarán la nostalgia artificial 
del sótano sin luz donde me esperas, 
y que, por fin, mañana 
al despertarte, 
entre olvidos a medias y detalles 
sacados de contexto, 
tendrás piedad o miedo de ti misma, 
vergüenza o dignidad, incertidumbre 
y acaso el lujurioso malestar, 
el golpe que nos dejan 
las historias contadas una noche de insomnio. 

Pero también sabemos que sería 
peor y más costoso 
llevárselas a casa, no esconder su cadáver 
en el humo de un bar. 

Yo vengo sin idiomas desde mi soledad, 
y sin idiomas voy hacia la tuya. 
No hay nada que decir, 

pero supongo

que hablaremos desnudos sobre esto, 
algo después, quitándole importancia, 
avivando los ritmos del pasado, 
las cosas que están lejos 
y que ya no nos duelen.