domingo, 31 de diciembre de 2006

Ana Merino


DESPEDIDA 


Me arropo con la fiebre 
y no encuentro murmullo que despegue mis labios, 
y todas esas bocas que mastican mi nombre 
se cierran con los párpados caídos en la alfombra. 

Y dentro de mis sueños mi lengua se divide, 
y mis ojos se abren hacia un mundo ficticio 
que encadena palabras y sombras sobre un pecho 
ahogado en el perpetuo disfraz de la esperanza. 




EN PAZ 


Me quedé sin voz, 
comenzó el otoño y mi pelo dejó de crecer, 
y en el paladar se adormecía mi silencio. 

Me quedé agachada en los portales 
confundiendo los números, 
y perdí mi sombra, 
y dejé caminar para arrugarme en las esquinas. 

Me hice de noche para enterrarme de día 
y no reconocí más espacio que el ajeno 
donde algunos juegan a volverme invisible. 

Mañana será invierno y no habrá cristal 
que cierre mis ojos 
cuando los túneles decidan vestirse de hielo; 

y todo porque un día me até a la soledad 
escapando de lo cotidiano, 
con el infinito embotellado 
y un pedazo de futuro envuelto en una manta. 




De Los días gemelos




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