domingo, 31 de diciembre de 2006

Ana Rossetti


DE LOS PUBIS ANGÉLICOS 



Divagar 
por la doble avenida de tus piernas, 
recorrer la ardiente miel pulida, 
demorarme, y en el promiscuo borde, 
donde el enigma embosca su portento, 
contenerme. 
El dedo titubea, no se atreve, 
la tan frágil censura traspasando 
-adherido triángulo que elástico alisa- 
a saber qué le aguarda. 
A comprobar, por fin, el sexo de los ángeles. 






EL JARDÍN DE TUS DELICIAS 


Flores, pedazos de tu cuerpo; 
me reclamo su savia. 
Aprieto entre mis labios 
la lacerante verga del gladiolo. 
Cosería limones a tu torso, 
sus durísimas puntas en mis dedos 
como altos pezones de muchacha. 
Ya conoce mi lengua las más suaves estrías de tu oreja 
y es una caracola. 
Ella sabe a tu leche adolescente, 
y huele a tus muslos. 
En mis muslos contengo los pétalos mojados 
de las flores. Son flores pedazos de tu cuerpo. 




De Los devaneos de Erato




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