domingo, 31 de diciembre de 2006

CARLOS PARDO


FUGA 

La luz, al menos, es la misma, 
ligera y fiel, 
y el viento echa a perder los nomeolvides 
que ella cuidó disciplinada. Buscaré 
dóciles ideales para matar el suyo 
de abandono. El perdón 
obsceno luce un quiste: 
la idea del regreso. 

Sus quejas vegetales, me repito, 
y, aunque no explica, da seguridad. 

Tomo impulso. 
Cubre las azoteas humo 
blanco. Los sentimientos, 
como el aire, están llenos de microbios. 
Por todas partes.



No hay comentarios: