domingo, 31 de diciembre de 2006

Concha García


TITUBEAR 



Después de sentarse sobre el único asiento libre 
del autobús. Después de sacar el diario, 
de guardar en el bolso el monedero 
mira por la ventanilla. O sería mejor 
decir que mira a través de la ventana, 
o acaso, sería mejor decir que quisiera 
que al mirar algo se revelase: una verdad 
un acontecimiento, una sensación. 
Pero agacha la cabeza. Recuerda la noche anterior, 
un solo asiento vacío en el cine 
en primera fila. También miraba hacia la pantalla 
buscando algo revelador, una emoción, 
un rostro. Inquieta, comprime el diario 
y deja los ojos cerrados, mientras aprieta 
con mucha fuerza los puños. 


De Ayer y calles



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