domingo, 31 de diciembre de 2006

Elena García de Paredes


SÚCUBO
 


Alguna vez apareció de noche 
para robarte el alma con las uñas 
y desapareció dejando un rastro 
amarillento, un olor penetrante, 
y aquel día tuvo el aire de templo: 
húmedo, oscuro, sin fin 
sin principio 
sin salida.





ÍNCUBO 


Nunca estuve en los lugares que frecuentas 
pero conozco las fieras y los laberintos, 
la tentación de las piedras pulidas y brillantes, 
las ancianas sin rostro 
que desaparecen entre los helechos 
y los reptiles clavados en las lanzas 
como pendones, humeantes as?n. 


Sé que naves sin timonel se acercan a la orilla, 
guiadas por un pájaro o por un monstruo del mar 
y que muchachos de bucles blanquecinos 
ahuyentan a las nubes con largas trompas quebradizas. 


Nunca estuve 
pero te he visto rodear la roca 
y empuñar la espada de los elegidos 
y trazar figuras en el aire con el brillo del hierro 
y hendir, cruel, la sonrisa más aguda 
y la herida por donde me despierto. 



De Adiestramiento, Editora regional de Extremadura, 2003



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