domingo, 31 de diciembre de 2006

Jaime Sabines




ESPERO CURARME DE TI 



Espero curarme de ti en unos días. Debo dejar de fumarte, de beberte, de pensarte. Es posible. Siguiendo las prescripciones de la moral en turno. Me receto tiempo, abstinencia, soledad. 

¿Te parece bien que te quiera nada más una semana? No es mucho, ni es poco, es bastante. En una semana se puede reunir todas las palabras de amor que se han pronunciado sobre la tierra y se les puede prender fuego. Te voy a calentar con esa hoguera del amor quemado. Y también el silencio. Porque las mejores palabras del amor están entre dos gentes que no se dicen nada. 

Hay que quemar también ese otro lenguaje lateral y subversivo del que ama. (Tú sabes cómo te digo que te quiero cuando digo: "qué calor hace", "dame agua", "¿sabes manejar?", "se hizo de noche"... Entre las gentes, a un lado de tus gentes y las mías, te he dicho "ya es tarde", y tú sabías que decía "te quiero"). 

Una semana más para reunir todo el amor del tiempo. Para dártelo. Para que hagas con él lo que quieras: guardarlo, acariciarlo, tirarlo a la basura. No sirve, es cierto. Sólo quiero una semana para entender las cosas. Porque esto es muy parecido a estar saliendo de un manicomio para entrar a un panteón
.






ME DUELES 

Me dueles. 
Mansamente, insoportablemente, me dueles. 
Toma mi cabeza, córtame el cuello. 
Nada queda de mí después de este amor. 

Entre los escombros de mi alma búscame, 
escúchame
En algún sitio mi voz, sobreviviente, llama, 
pide tu asombro, 
tu iluminado silencio. 

Atravesando muros, atmósferas, edades, 
tu rostro (tu rostro que parece que fuera cierto) 
viene desde la muerte, desde antes 
del primer día que despertara al mundo. 

¡Qué claridad tu rostro, qué ternura 
de luz ensimismada, 
qué dibujo de miel sobre hojas de agua! 

Amo tus ojos, amo, amo tus ojos. 
Soy como el hijo de tus ojos, 
como una gota de tus ojos soy. 
Levántame. De entre tus pies levántame, recógeme, 
del suelo, de la sombra que pisas, 
del rincón de tu cuarto que nunca ves en sueños. 
Levántame. Porque he caído de tus manos 
y quiero vivir, vivir, vivir.





MUERO DE TI


No es que muera de amor, muero de ti.
Muero de ti, amor, de amor de ti,
de urgencia mía de mi piel de ti,
de mi alma de ti y de mi boca
y del insoportable que yo soy sin ti.

Muero de ti y de mí, muero de ambos,
de nosotros, de ese,
desgarrado, partido,
me muero, te muero, lo morimos.

Morimos en mi cuarto en que estoy solo,
en mi cama en que faltas,
en la calle donde mi brazo va vacío,
en el cine y los parques, los tranvías,
los lugares donde mi hombro acostumbra tu cabeza
y mi mano tu mano
y todo yo te sé como yo mismo.

Morimos en el sitio que le he prestado al aire
para que estás fuera de mí,
y en el lugar en que el aire se acaba
cuando te echo mi piel encima
y nos conocemos en nosotros, separados del mundo,
dichosa, penetrada, y cierto, interminable.

Morimos, lo sabemos, lo ignoran, nos morimos
entre los dos, ahora, separados,
del uno al otro, diariamente,
cayéndonos en múltiples estatuas,
en gestos que no vemos,
en nuestras manos que nos necesitan.

Nos morimos, amor, muero en tu vientre
que no muerdo ni beso,
en tus muslos dulcísimos y vivos,
en tu carne sin fin, muero de máscaras,
de triángulos obscuros e incesantes.
Muero de mi cuerpo y de tu cuerpo,
de nuestra muerte, amor, muero, morimos.
En el pozo de amor a todas horas,
inconsolable, a gritos,
dentro de mí, quiero decir, te llamo,
te llaman los que nacen, los que vienen
de atrás, de ti, los que a ti llegan.
Nos morimos, amor, y nada hacemos
sino morirnos más, hora tras hora,
y escribirnos y hablarnos y morirnos.
 





DEBÍ haberte encontrado diez años antes o diez años después, 
pero llegaste a tiempo. *




Uno de mis poemas fetiches y clave en algunas de mis historias, el mismo que le recité a mi amor espiritual mexicano en medio de una alcoholizada fiesta francesa; el mismo que le recité una madrugada a mi cantautor piloto en un paso de cebra de Atocha; el mismo que le recitaba a un sólo nombre cada vez que abría el sobre de su mensaje. En todas esas ocasiones lo sentí como si Sabines me lo hubiera escrito nuevamente para dárselo a él, siempre inédito, como un postre recién elaborado, rebosante de canela y deseo renovados. 








1 comentario:

Anónimo dijo...

*

Publicado Por Invitado 03 De Agosto De 2005 | 6:36

Leer tu Blog es como esperar a Godot. Me agrada tu forma de escribir, d-escribiendo. Acabo de abrir mi blog, te invito, con los ojos cerrados: lampedusa.bitacoras.com
Sigue escribiendo, aún hay mucho de qué hacerlo.

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Publicado Por Bohemk Viernes, 05 De Agosto De 2005 | 6:48

¿Lo dices por la ambigüedad, el simbolismo o por el absurdo? En todo caso, me ha encantado ese símil.

Muchas gracias por tu comentario y por apreciar mi tan cuestionado estilo.

Entraré a tantear tu espacio. Un beso.

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Publicado Por Invitado Lunes, 05 De Septiembre De 2005 | 10:44

ESruPENDo, SABINES ES UN ClasiCO FRESco, asomBROoso y VIGeNTE