domingo, 31 de diciembre de 2006

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ


Yo no volveré. Y la noche 
tibia, serena y callada, 
dormirá el mundo, a los rayos 
de su luna solitaria. 
Mi cuerpo no estará allí, 
y por la abierta ventana 
entrará una brisa fresca 
preguntando por mi alma. 
No sé si habrá quien me aguarde 
de mi doble ausencia larga, 
o quien bese mi recuerdo, 
entre caricias y lágrimas. 
Pero habrá estrellas y flores 
y suspiros y esperanzas, 
y amor en las avenidas, 
a la sombra de las ramas. 
Y sonará ese piano, 
como en esta noche plácida, 
y no tendré quien lo escuche 
pensativo, en mi ventana. 



Nocturnos



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