domingo, 31 de diciembre de 2006

Lola Velasco


El implacable vaivén 
de la ola, 
el minucioso recorrido 
hacia la forma definitiva, 
un mar en ruinas. 
Y voy y vengo, 
abandonada a la dejadez 
del caos, 
y sé 
que no hay salvación posible 
para el rasgo inocente. 
El silencio es un grito 
acostumbrado a callar, 
que espera. 


de La frente de la mujer oblicua


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