domingo, 31 de diciembre de 2006

Luis Alberto de Cuenca


De tanto amarte y tanto no quererte 


De tanto amarte y tanto no quererte 
te has cansado de mí y de mis locuras 
y le has prendido fuego a nuestra historia. 
Tu ropa no perfuma ya la casa. 
No queda una palabra de cariño 
suspendida en el aire, ni una hebra 
de azabache en la almohada. Sólo flores 
secas entre las páginas del libro 
de nuestro amor, y cálices de angustia, 
y un delirio de sombras en la calle.




BÉBETELA 


Dile cosas bonitas a tu novia: 
"Tienes un cuerpo de reloj de arena 
y un alma de película de Hawks." 
Díselo muy bajito, con tus labios 
pegados a su oreja, sin que nadie 
pueda escuchar lo que le estás diciendo 
(a saber, que sus piernas son cohetes 
dirigidos al centro de la tierra, 
o que sus senos son la madriguera 
de un cangrejo de mar, o que su espalda 
es plata viva). Y cuando se lo crea 
y comience a licuarse entre tus brazos, 
no dudes ni un segundo: 
bébetela.




CONVERSACIÓN 

Cada vez que te hablo, otras palabras 
escapan de mi boca, otras palabras. 
No son mías. Proceden de otro sitio. 
Me muerden en la lengua. Me hacen daño. 
Tienen, como las lanzas de los héroes, 
doble filo, y los labios se me rompen 
a su contacto, y cada vez que surgen 
de dentro- o de muy lejos, o de nunca-, 
me fluye de la boca un hilo tibio 
de sangre que resbala por mi cuerpo. 
Cada vez que te hablo, otras palabras 
hablan por mí, como si ya no hubiese 
nada mío en el mundo, nada mío 
en el agotamiento interminable 
de amarte y sentirme desamado.




NOCTURNO

Apagaste las luces y encendiste la noche.
Cerraste las ventanas y abriste tu vestido.
Olía a flor mojada. Desde un país sin límites
me miraban tus ojos en la sombra infinita.

¿Y a qué olían tus ojos? ?Qué perfume de oro
y de agua limpia y pura brotaba de tus párpados?
¿Qué invisible temblor de cristales de fuego
agitaba la seda lunar de tus pupilas?

Recamaste la almohada con hilos de azabache.
Tejiste sobre el sueño un velo de blancura.
Eras la rosa pálida tiñéndose de rojo,
la rosa del veneno que devuelve la vida.

La blusa, el abanico, una pluma violeta,
el broche con la perla y el diamante en el pecho.
Todo abierto y en paz, transparente y oscuro,
sin dolor, navegando rumbo a tus manos frías.



De La caja de plata



2 comentarios:

Anónimo dijo...

Publicado Por Invitado Jueves, 02 De Agosto De 2012 | 16:11

Llegué hasta aquí siguiendo la ruta de Kandinsky y Cortázar y me encontré con viejos conocidos. Es lo que tiene la red.
Un abrazo.
Lucía Folino

Anónimo dijo...

Publicado Por Agustin Domingo, 25 De Diciembre De 2005 | 23:10

¿Qué luna gris de las nueve
te desangró la mejilla?
?Qu? alfiler de cactus breve
asesina tu cristal?

En fin, que cosas como ésas son las que quisiera yo escribirle a una chica, y no aquello de la tinta azul, tengo que seguir progresando.
Por cierto, no había leído nunca nada de Luis Alberto de Cuenca, pero éste me ha gustado mucho. De hecho, notarás que suelo comentar sólo cuando me gusta el poema..

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Publicado Por Bohemk Lunes, 26 De Diciembre De 2005 | 2:31

Y dale con lo mismo, parece que te arrepientes de haberlos escrito, pero que sepas que a mí gustaron tus versos azules. ya te llegará el golpe de genialidad, vas por buen camino.


Sí, claro que lo he notado y me alegra que hayas comentado tantos poemas de los que he recopilado. Supongo que todos tendemos a hablar de la belleza que nos ha golpeado. Ayer nos regalaron un libro de poemas de un profesor-escritor. Salvo algunos escasos versos con bien construidas metáforas, el resto del poemario no me atrajo en absoluto. Pero no supe decir los motivos, era el conjunto, me parecían poemas sin fuerza expresiva. Sería un buen ejercicio empezar a analizar por qué algo nos ha defraudado.


Tengo mucho de Luis Alberto de Cuenca, es uno de los poetas que sostienen mi mesita de noche. Ya te iré enseñando más; si no, hazte con su antología editada en Visor, merece la pena.