domingo, 31 de diciembre de 2006

NICOLÁS GUILLÉN


UN POEMA DE AMOR 


No sé. Lo ignoro. 
Desconozco todo el tiempo que anduve 
sin encontrarla nuevamente. 
¿Tal vez un siglo? Acaso. 
Acaso un poco menos: noventa y nueve años. 
¿O un mes? Pudiera ser. En cualquier forma 
un tiempo enorme, enorme, enorme. 
Al fin como una rosa súbita, 
repentina campánula temblando, 
la noticia. 
Saber de pronto 
que iba a verla otra vez, que la tendría 
cerca, tangible, real, como en los sueños. 
¡Qué trueno sordo 
rodándome en las venas, 
estallando allí arriba 
bajo mi sangre, en una 
nocturna tempestad! 
¿Y el hallazgo, en seguida? ?Y la manera 
que nadie comprendiera 
que ésa es nuestra propia manera? 
Un roce apenas, un contacto eléctrico, 
un apretón conspirativo, una mirada, 
un palpitar del corazón 
gritando, aullando con silenciosa voz. 
Después 
(Ya lo sabéis desde los quince años ) 
ese aletear de las palabras presas, 
palabras de ojos bajos, 
penitenciales, 
entre testigos enemigos, 
todavía 
un amor de "lo amo" 
de "usted", de "bien quisiera, 
pero es imposible..." De "no podemos, 
no, piénselo usted mejor...." 
Es un amor así, 
es un amor de abismo en primavera, 
cortés, cordial, feliz, fatal. 
La despedida, luego, 
genérica, 
en el turbión de los amigos. 
Verla partir y amarla como nunca; 
seguirla con los ojos, 
y ya sin ojos seguir viéndola lejos, 
allí lejos, y aún seguirla 
más lejos todavía, 
hecha de noche, 
de mordedura, beso, insomnio, 
veneno, éxtasis, convulsión, 
suspiro, sangre, muerte... 
Hecha 
de esa sustancia conocida 
con que amasamos una estrella.



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