domingo, 31 de diciembre de 2006

Pedro Salinas


Sin voz, desnuda
 


Sin armas. Ni las dulces 
sonrisas, ni las llamas 
rápidas de la ira. 
Sin armas. Ni las aguas 
de la bondad sin fondo, 
ni la perfidia, corvo pico. 
Nada. Sin armas. Sola. 
Ceñida en tu silencio. 
"Sí" y "no", "mañana" y "cuando" 
quiebran agudas puntas 
de inútiles saetas 
en tu silencio liso 
sin derrota ni gloria. 
¡Cuidado! que te mata 
-fría, invencible, eterna- 
eso, lo que te guarda, 
eso, lo que te salva, 
el filo del silencio que te aguzas. 




De La voz a ti debida, 1933.



NO te veo. Bien sé
que estás aquí, detrás
de una frágil pared
de ladrillos y cal, bien al alcance
de mi voz, si llamara.
Pero no llamaré.
Te llamaré mañana,
cuando al no verte ya,
me imagine que sigues
aquí cerca, a mi lado,
y que basta hoy la voz
que ayer no quise dar.
Mañana... cuando estés
allí detrás de una
frágil pared de vientos,
de cielos y de años.

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