domingo, 31 de diciembre de 2006

Rosario Castellanos


DESTINO 


Matamos lo que amamos. Lo demás 
no ha estado vivo nunca. 
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere 
un olvido, una ausencia, a veces menos. 
Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia 
de respirar con un pulmón ajeno! 
El aire no es bastante 
para los dos. Y no basta la tierra 
para los cuerpos juntos 
y la ración de la esperanza es poca 
y el dolor no se puede compartir. 

El hombre es anima de soledades, 
ciervo con una flecha en el ijar 
que huye y se desangra. 

Ah, pero el odio, su fijeza insomne 
de pupilas de vidrio; su actitud 
que es a la vez reposo y amenaza. 

El ciervo va a beber y en el agua aparece 
el reflejo del tigre. 

El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve 
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado) 
igual a su enemigo. 

Damos la vida sólo a lo que odiamos. 




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