viernes, 28 de agosto de 2015

Las hiedras azules


Desenrolla sus raíces en mi pecho, cuenco de humedad donde nacen las larvas de una angustia insoportable. Nada me calma, porque ha enraizado. Preparo un bolso, solo lo indispensable, guantes y bufanda y poco más abrigo. Paradójicamente, me siento viva en el frío. Voy a adentrarme en el bosque. Voy a entregarme al sacrificio de las hiedras, la miel de sus arañas. Será hermoso. Un absoluto. Habrá música y una aurora boreal que me cegará de todo lo que nada ni nadie ha podido salvarme.



***

Elábuga, verano inhóspito.


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    Sí, Marina, quiero

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