domingo, 14 de febrero de 2016

Desahucio



Los pañuelos manchados por el suelo. No hay vasos limpios. Los platos sucios se desparraman. La basura rebosa y el olor empieza a ser nauseabundo. Ya ni me molesto en limpiarme las legañas ni la costra escamada de las heridas de la cara. Tampoco me depilo. No me peino. No me adorno como antes con pulseras y pendientes. Uso la misma ropa toda la semana. Acumulo libros y su polvo. Me cuesta un mundo alcanzar uno. Me obligo a el primer poema. Me fatigo en el segundo. No sigo. No me apasiona nada ni me ilusiona que algo pueda cambiar mañana. La única novedad son las sombras que comienzan a acecharme, mediocridad de fantasmas sin carisma. Espero en la desgana, atrofiada, seca. Cansada. Sin embargo, espero: un movimiento externo empujándome al final. O, al menos, la salvación catártica del llanto.



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