domingo, 14 de febrero de 2016

Escribir, para qué


Escribir siempre ha sido mi particular forma de extorsión afectiva. Pasiva agresiva que exige delicadamente ser aceptada, ser querida. Y aquí está el resultado: me he quedado sola y hablo para nadie. No merecía otra suerte. Lo sé ahora que se resquebraja mi techo de cristal. No hay nada más que pueda alcanzar. Me enseñaron a escribir no para deslumbrar,sino para trazar el camino que habría de seguir el filo sobre las venas. Y a contar no los años, sino los miligramos del sueño que sepulta. Y las piedras que hace falta llevar en los bolsillos para que el cuerpo pese bajo el agua. 



*  *  *


Me asomo, me miro. Me asusta el reflejo. No he crecido como esperaba. Decido. No es necesario llegar más lejos. Aquí están las piedras. Y éstas son las aguas turbias que he elegido para mi muerte.




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