lunes, 24 de octubre de 2016

Adiós, música



A Chomsky y a mí nos atacaron a la puerta de casa. A él de día, a mí de madrugada. A mí me despertaron los alaridos de mamá. Los míos, a nadie. El gato murió al instante. Yo, desgraciadamente, aunque moribunda, parece que soy indestructible. Él no quería morir. Yo sí.






***




Hace siete años, hoy, me atacaron de madrugada. Me abordaron por detrás, me taparon la boca unas manos fuertes y oscuras a tan solo unos metros de la puerta de mi casa.
Me defendí a dentelladas. Instinto animal. Supliqué sollozando. Y una pareja a lo lejos disuadió a ese ogro silencioso (así le llamé entonces en los escritos que me recuerdan el episodio) y le hizo salir huyendo.
Nunca antes había conocido el miedo.

Ahora que estoy más muerta que nunca, que el miedo fue devorado por la desexistencia, lamento que no me hubiera matado.





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