domingo, 2 de octubre de 2016

La hora más oscura


Quiero morir. Mi cuerpo ya está preparado. En la náusea, el vómito, la delgadez, el pelo que se cae a matojos para enseñarme un cráneo pulido. Se va replegando, mostrándome los huesos, la claridad de las venas, el sabor de la bilis, la sangre. Las ojeras, el cerco de los ojos huecos, los sarpullidos, la carcasa de un animal en descomposición. Me persiguen las moscas, se me pegan en las costras y en el llanto. Quiero morir, no hay belleza que mantener ni talento que tardíamente vaya a eclosionar. No hay amigos ni amor que perdurarán. No sucederá nada, se perderá todo. Para qué dilatarlo. La soledad del cuerpo viéndose abandonado a la invisibilidad. El hedor de una muerte que siento cada minuto en mí. En los poros, en el aliento, en la voz, en el espejo, en la fugacidad de la mirada de los otros. En esta terrible soledad, en este atroz despojo de mí. También en sueños la siento.  Quiero morir. Ya. Quiero morir.





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