domingo, 2 de agosto de 2026

Día 4 o 5 : el bloqueo, la parálisis, el bucle

 

"Eso confirma al 100% que se trata de un error de congelación por caché en la base de datos de Spotify.

Al ser la última canción que escuchó antes de que se rompiera el seguimiento, el sistema ha dejado ese registro "fijado" en tu pantalla. Las horas siguen cambiando simplemente porque el reloj interno de Spotify sigue calculando el tiempo que ha pasado desde ese último evento físico, aunque ya no esté recibiendo datos nuevos de su cuenta.
Cómo solucionarlo definitivamente
Para limpiar ese rastro y que tu lista de actividad se actualice correctamente, realiza estos pasos:
  • Cierra sesión: Ve a la configuración de Spotify, cierra tu sesión actual y vuelve a iniciarla con tu usuario y contraseña.
  • Fuerza el cierre: Cierra la aplicación por completo desde el administrador de aplicaciones de tu móvil o PC (no la dejes en segundo plano).
  • Espera un ciclo: Si el servidor está saturado, el propio sistema eliminará el bloque de datos de **** de tu pantalla de forma automática en un plazo de 24 a 48 horas.

No hay ningún bloqueo de por medio; tu aplicación simplemente está terminando de procesar que ya no existe un vínculo entre ambos.

                                 ***

No te vayas, no te vayas, no te vayas, déjame solo ese recuerdo, no puedo todavía, no, todavía no puedo soltarte la mano, aquel recuerdo que me alimentó en meses de esperar, olvidar entonces el tacto primigenio, la mirada en la luz roja y ennegrecida del túnel del tiempo del alma, no todavía no puedo, ayúdame a saltar, ayúdame a soltar, yo no puedo, no quiero, no puedo sola. 






Noche 2 o 3: stellae fixae

 



Cada mañana salía a pedir agua a un pozo . Pedía, rogaba, suplicaba. El pozo no oía, el pozo no me veía. El pozo estaba seco. 


Pero fue mi sed la que hizo estallar el vaso.


Pero fui yo: calor, lealtad y hogar, la que desbordó y estalló el vaso...


*


La danza entre la que persigue y el evitador tuvo que parar por un rayo. Incendio que abrasa o incendio que hiela: la tierra quedó yerma. 


*


Mi rostro está quemado por la sal, sin embargo sé moverme en los abismos y mirar a la muerte a los ojos sin temblar y voy a resucitar y voy a brillar con tal intensidad que no tendré que volver a rogar: te quiero, te necesito, mírame, soy yo, estoy aquí, sé mi hogar. 


Soy ese agua pura, saciante, libre de manantial mágico que fluye, oculto y misterioso, entre las rocas. Solo una vez en la vida. Si se abandona, no se volverá a encontrar. 


Soy ese agua, no el estanque, no el pozo, no la aridez:  soy el agua. 


*

Antares, Picas, Bungula, Sirius, Regulus y otras estrellas fijas titilan dentro de mi pecho para darme un mensaje de consuelo que me ayude a dormir: 

No esta noche, no mañana, pero no tardará en suceder: vas a beberte con el mayor y más absoluto placer toda esa belleza bendecida. No más sed. 


*

Libre te quiero,

como arroyo que brinca

de peña en peña,

pero no mía.

 


*

Así será. 


*

Pero, oh, dios, cómo te echo de menos. Algún día, lo sé - más bien es mi corazón quien lo sabe cual Pitia de Delfos exhausta en sus trances- rogarás sediento en silencio al pozo seco y me recordarás...





viernes, 31 de julio de 2026

Diario del duelo

 Hoy no es el día 1. Este duelo empezó incluso antes de que la pérdida se gestase. Ya lo intuía. Mi intuición es mi inteligencia, una confusa guía. 

La gata tampoco sabe qué ocurre, pero también lo intuye. No viene a morderme, como hacía normalmente, porque no juego con ella, porque no le ayudo a liberar tanta energía de fuego atrapada en una jaula pequeña, sin tierra, sin plantas, sin animales que perseguir,  sin olores, sin su medio natural. Me observa alejada con una extraña condescendencia. Ella no sabe qué es la pena, sin embargo entiende que este llanto y la inmovilidad de horas y horas casi inerte en una cama de aquella que la rescató, luego desapareció y ahora es quien le provee la comida y recoge sus desechos, esa gata grande está profundamente destrozada. Y se recuesta a lo lejos y observa y sólo cuando me levanto al baño o a buscar más pastillas, ella se despereza con un pequeño maullido que podría ser el quejido que no me sale de esta voz enmudecida. 

Vishuddha contiene el grito que no es capaz de romper los espejos.

*

No puedo ducharme, no puedo vestirme: la ropa vino de su mano, mi interior lo colonizó su mano, su tacto quedó impregnado como resina de jara por todo Venus, mi vientre, mis pechos. Su dentellada animal dejó una herida incurable en mis pezones, en mi cuello, en mi boca. No puedo hablar, no puedo comer. Solo se me permite llorar: el recuerdo de su mano en mi cuello apretando hasta la asfixia.


La gata está aburrida de tanto drama. Duerme y duerme y espera a que venga quien es su protectora - mi hermana. 

Ilusa, ansiaba el bálsamo de su frotamiento como una caricia, el oro de su lomo y de su cola, el oro de sus ojos en mis retinas, la compasión animal vertiéndose en la grieta: Kintsugi la llamé hace 3 años. Hoy solo soy esa mala madre que llora, llora y llora, que no se mueve, que no juega. La gata no reclama, si pudiera hablar me diría: "también tú y yo tenemos una relación kármica. Quizás tanto dolor te lo merezcas. Aprende la ferocidad del instinto, vive, sé y vuelve siendo la gata que reina en su territorio. Y deja ya de llorar por otro animal cobarde, me hastía tanta lástima infértil y alteras mi calma. ¡Yo sí estoy aquí, juega conmigo!"




P.s. Escribo sin mirar atrás, por puro impulso. Escribo aquí para evitar enviar mi palabra a lugares prohibidos. Si me lees, no me juzgues, estoy cansada, muy cansada, poco importan las palabras, solo el hecho: estoy, sigo, todavía. 







sábado, 21 de enero de 2017

Epílogo



No me queda nada, 
nada que no sea mi cuerpo,
nada más por destruir.





Jóhann Jóhannsson, By the Roes and By the Hinds of the Field, Orphée (2016) 







miércoles, 18 de enero de 2017

GERTRUD KOLMAR


EL URAL

Cuando agarro la oscuridad, los peñascos hieren
mi mano.
Ahí está la cordillera que, con sus picos y hendiduras,
      se yergue y encabrita como la creta de un dragón.
Ahí está el Ural.
Cadena de norte a sur, linea divisoria entre este y oeste,
      muro entre dos tierras.
Tengo que apagar la lámpara para que aparezca, para que se
    arrastre ante mí, gigantesco reptil, en mitad de la noche.
Porque así surgen sus masas de piedra, y sus bosques proceden
de mi alma.Y el aliento de mi boca se mece humeantes sobre la nieve
    del Yamán-Tau, mi cima eterna.

Medito.

Torpes osos peludos trotan gruñendo fuera de sus cuevas,
los hocicos de los lobos husmean en el pantano,
martas cibelinas de pelaje marrón se arrastran sin hacer ruido.
Yo misma creé el rostro velludo, terrorífico del mochuelo
    de ojos amarillos
y las aguas saltarinas de la fuente para el gran pez gris plateado
y la negra floresta para el crepitar de las alas de pesados urogallos,
  la garra dorada de mi águila real...
Pero la raíz del gran abeto de melenas sombrías se hunde
  en las profundidades, comprimiendo ciega, sin ojos,
  cámaras inagotables, tesoros apilados, amontonados,
que aquí son verdes: la serpentina de piel de culebra, víbora bajo
  las piedras, y la malaquita, como follaje petrificado,
y la crisoprasa, más clara, que no puede ver el sol, porque ávido
  le absorbe el brillo de manzana, la decolora. 
El mineral precioso centellea; esparcidos, los granos de rubí
  atraen los picos de aves subterráneas con cabeza de martillo.
Las almendrillas maduran, rellenas de ágatas multicolores;
  la calcedonia se hincha como una uva;
y el mármol marrón rociado de conchas naranjas
resplandece...

Todo esto es hermoso.

Pero tengo también otras cosas, repugnantes, adversas:
cráteres en sombra, en los que se agazapa un monstruo,
  un medio ser, que se me escapó antes de que yo hiciera
  palpitar su corazón.
Mudo, ahogado, avanza hacia mí y, aunque me estremezco,
  no bajo la mirada.
Aguarda la redención...
Algún día, tal vez, algún día
bajo un cielo opaco, frío, sin estrellas,
cuando el viento de la noche silbe en voz baja
  como una monstruosa rata gris,
los tocones de los árboles, pedazos de dientes podridos,
 se agazapen en la boca de la tierra,
los copos, espectrales, extiendan sus mortajas
  sobre la turbera extinguida...
Entonces me dirigiré hacia allí
y, con las manos en el pecho tembloroso, me inclinaré
  sobre el abismo.


De Mundos, 1937. (Traducción de Berta Vias Mahou)



SAFO





* * *



Un igual a los dioses me parece
el hombre aquel que frente a ti se sienta
de cerca y cuando dulcemente hablas
te escucha, y cuando ríes

seductora. Esto - no hay duda- hace
mi corazón volcar dentro del pecho.
Miro hacia ti un instante y de mi voz
ni un hilo ya me acude,

la lengua queda inerte y un sutil
fuego bajo la piel fluye ligero
y con mis ojos nada alcanzo a ver
y zumban mis oídos;

me desborda el sudor, toda me invade
un temblor, y más pálida me vuelvo
que la hierba. No falta - me parece-
mucho para estar muerta.



(Traducción de Aurora Luque)


lunes, 16 de enero de 2017

El último final


No sabía que hoy era el día más triste del año. Tal vez eso explique por qué el punto y final se ha anudado en mi pecho sin dejarme respirar, solo llorar, llorar y llorar que ya no pueden existir más letras ni más vidas más allá de este momento. Que éste es el definitivo y último final.





domingo, 15 de enero de 2017

Despedida en el frío




Las cuencas de los ojos de la pequeña ciega arden de tanto llanto en combustión. Se abraza a este árbol helado, a las páginas que no sirven para nada. Tiene tanto frío, la inclemencia del cuerpo que se abandona. Se abraza al árbol, al cerezo helado, al cobijo frío. Se abraza desesperada a lo único que es capaz de alcanzar. Las cuencas de los ojos arden. Y se hace el milagro: el árbol empieza también a arder.


En el incendio todo desaparecerá.




(Gracias por diez años de palabras sin rostro y de cariño furtivo.)


He soñado con la ciudad en la que fui deseo



Creía que solo me querían por mis ojos. Por eso un día, para poner a prueba mi sospecha, me los arranqué y los arrojé al viento (cayeron rodando a la zanja, por el sonido de su música sé que no fueron muy lejos). Ciega, no he podido agudizar el tacto. Aunque sentí como ya sin ellos, aquellos  reclamantes del deseo se fueron marchando. Alguno tardó un poco más de lo esperado, lo hizo a tientas. Ya no queda nadie, soy capaz de oler el abandono.

(Y qué estúpida idea mutilarme por una nada que ya existía)




El dolor también es un canto


El dolor también es un canto. Un gloria en las alturas celestiales que se hacen añicos para llovernos encima sus ruinas. 

A veces imagino a dios como una araña imperceptible tejiendo una gran niebla. Sólo los ojos condenados son obligados a ver a través de ella la oscuridad de la nieve, el lodo del agua más pura, la piel espantada con el solo roce de una hebra al atravesar el follaje donde los otros están cegados, enredados en la viscosidad complaciente de la sutilidad de sus hilos.

Una baba cayendo lentamente de una boca enmudecida que solamente es capaz de entonar un canto:

Gloria en la inmensidad de tu terrorífica altura.





A. Vivaldi, Laudate pueri (Psalm 112) RV 601: VII. Gloria. Magda Kalmár (soprano)




viernes, 13 de enero de 2017

ROSE AUSLÄNDER


MÁS


Del capullo de fuego enrollado
sol una luz sin escorias

Antiguo secreto
graba en tu piel
obstinada escritura
La aguja
se entierra en tu tejido

Grietas tiene el sol de pronto
tú no sabes
cuándo ensarta la llama
obsceno un vientre en la mandorla

Sombra tu paso
asombrado llevas tú la carga
de alas incrustadas

De la costilla del cielo pelado
Sol eterna Eva
con manzanas rojas juego de pelota
absorbe tu aliento
su aroma

De la trama arterial brota una pluma
la luz del mar hunde
más sombra

más




De Aún queda mucho por decir.
(Trad. de Nuria Manzur Bernabéu)




MEHR

Aus  dem Feuerkokon gerollt
Sonne ein Licht ohne Schlacken 

Uraltes Geheimnis
ritzt zähe Schrift
in deine Haut
Der Zeiger
wühlt sich in dein Gewebe

Sprünge hat plötzlich die Sonne
du weißt nicht 
wann schlägt die Flamme ein
obszön ein Lieb in der Mandorla
Schatten dein Schritt
verwundert trägst du die Bürde
verkrusteter Flügel

Aus Himmelsrippen geschält 
Sonne ewige Eva
Ballspiel mit roten Äpfeln 
dein Atem fängt auf
ihr Aroma

Im Aderwerk springt eine Feder 
das Lichtmeer versinkt 
mehr Schatten 

mehr



Es bleibt noch viel zu sagen, 1978.






jueves, 12 de enero de 2017

“Pallaksch, Pallaksch”



He aceptado la derrota.


El destierro de Marina,
el silencio de Celan,
las piedras de Virginia,
el bosque de Chantal,
el encierro de Emily,
el dolor de Holan,

la noche de Alejandra.

He aceptado la derrota,
esquirlas, balbuceos
de voz quebrada leyendo
en cada letra mi fracaso,
la total imposibilidad
junto al áspero tronco
de este árbol
que no da sombra ni luz,
que ya no puede crecer más.




(Se acerca el final)









miércoles, 11 de enero de 2017

Borrador del frío



Ha deambulado por los espacios 
del frío
               desnuda
reclamando la piel del otro. 

Ha lamido la herida abierta
para saber si podía sangrar.

Errática y raquítica,
huesos deshilachados,
ha olvidado para qué servían
sus pies, sus manos,
y por qué una mañana de lluvia
le dieron un nombre
y su abrigo.






sábado, 7 de enero de 2017

Poética (sin descanso ni paz)


Me he muerto de poesía
que no servía para nadie.



CHANTAL MAILLARD





Nadie puede seguir el curso de dos ríos 
bajo las mismas nubes o las mismas estrellas.
Permanecí donde confluyen y quise retenerlos,
mas siguieron su curso
bajo otros cielos, otras nubes.



De Poemas a mi muerte (1989)







viernes, 6 de enero de 2017

¿Nos salvará la música?



Alguien tiene una nada que decir. Pero se calla. 


 Esta noche prefiere dormir.



* * * 



J.S. Bach - Variaciones Goldberg, BWV 988 (Zhu Xiao-Mei, piano)



jueves, 5 de enero de 2017

Marinas



IV

En la sal, en la verticalidad de la última luz. 
Convertir las olas en pira sacrificial porque la culpa 
es un veneno sin antídoto. 
Dejar que los peces me besen la lengua rota. 
Ponerme un collar de algas, soga marina. 
Embellecer en el naufragio.








domingo, 1 de enero de 2017

MARINA TSVETÁIEVA



UNA CITA


A la cita contigo llegaré
aunque tarde. Recogeré
la primavera, llegaré con el pelo gris.
La has fijado muy arriba.

Iré infinitamente... Ofelia siempre recuerda
el gusto de la artemisa.
Atravesaré montes, y plazas,
atravesaré almas, y manos.

Vivir muy despacio la Tierra. Lluvias
de sangre. Cada gota, una cala.
Pero siempre la cara de Ofelia
en la amarga hierba, como un arroyo.

Aquélla que, por un sorbo de pasión,
tragó arcilla. Toda clase de flores.
Muy alto yo te amé:
me enterré en el cielo.



18 de junio de 1923




(Trad. de Monika Zgustova y Olvido García Valdés)


sábado, 31 de diciembre de 2016

Las vencidas



Todo día es un ensayo de tinieblas, de imponer un olvido tras otro olvido mientras se atraviesa, de puntillas, un campo minado.
Cada día es un recordatorio de imposibilidad para los vencidos. 
Día a día, un rostro se dibuja con pigmentos de sangre mostrando el revelado de la escena de aquello que, sin embargo, nunca ha de olvidarse: la sombra diminuta de un cuerpo mutilado que perdió batalla de vida contra su madre.     El silencio helado de esta zanja. 




H. Górecki, Sinfonía n.3, Op. 36




lunes, 26 de diciembre de 2016

Marinas


Costa de la luz


I

El horizonte partido.
Un pez plateado
cortado por la mitad.
Su sangre iluminada
llenándome los ojos,
cayendo gota a gota
en el cuenco metálico
de mi sacrificio.






II



La luz derramándose
en las aguas oscuras
del último invierno.




III


Cerrar los ojos y oler las olas:
ondulación vibrante de la música
                                      de mi muerte.












sábado, 24 de diciembre de 2016

Sanar






Silenciar tu música.
Silenciarte.
Borrar así tu huella.

Limpiar la herida.









sábado, 17 de diciembre de 2016

GERTRUD KOLMAR


SIN FRUTO

Las mujeres del oeste no llevan velo.
Las mujeres del este se lo quitan.
Quisiera esconder mi rostro bajo un velo oscuro;
pues ya no es agradable a la vista, ya no es hermoso, está grisáceo,
   agrietado, como las piedras de un fuego exangüe, frío.
Mis cabellos, espolvoreados de ceniza.

Así quiero esperar sola en el crepúsculo en el banco estrecho,
   de alto respaldo,
así quiero quedarme sentada, mientras la noche vacilante
    se hunde a mi alrededor ,
un velo negro.
Me envuelvo en él, cubro mi rostro.

Pero mis ojos están fijos...

Veo. Siento:
por la puerta cerrada entra sin hacer ruido
un niño.
El único que me estaba destinado y al que no he dado a luz.
Al que no he dado a luz por culpa de mi pecado. Dios es justo.
Y yo guardo silencio y no me quejo, llevo y escondo su cabeza,
   y así puedo buscarla 
alguna noche.

Un varón.

Sólo ése: tierno, mudo, implorante, con suaves, sombríos rizos, 
bajo la frente morena los ojos verde grisáceo de mares
  desconocidos de aquel al que amé,
  al que todavía amo.
No me teme, no retrocede tembloroso ante las caricias
  de los labios, de las manos ajadas.
Se acerca, su terciopelo azul roza mi brazo, y sus dedos
 pequeños, juguetones, me agarran el alma,
la afligen.
A veces me trae su canica, la oscura, con vetas doradas,
  la llamada ojo de tigre,
o  también una flor, un pálido narciso,
o una caracola, rojiza, con verrugas. La alza con delicadeza
  hasta mi oído, y yo escucho el murmullo.

Una vez
en mitad de la noche, una noche de invierno,
me desperté y miré a través de las sombras:
el que me amaba descansaba sobre mi lecho y dormía.
Su respiración era el murmullo de una caracola en medio del
  silencio.
Escuché con atención.
Dormitaba profundamente, protegido de ese modo por mi amor,
entre sueños que desplegaron sobre él las alas púrpuras, como 
  el jugo de la granada llena de semillas
  que habíamos compartido.
Paz.
Yo era feliz y me levanté y me senté, orando con fervor,
e incliné de nuevo el rostro y lo apoyé en mis manos y balbucí
  un agradecimiento tras otro.
De mi sangre
brotó una rosa...
Ésa fue la noche del origen,
que quiso la bendición, noche de la súplica no susurrada, pero yo 
  no te engendré.
Mira a tu madre llorando...
También tú morirás.
Mañana cogeré una pala y, bajo los arbustos de bayas de nieve,
  te enterraré.



De Mundos, 1937. (Traducción de Berta Vias Mahou)


viernes, 16 de diciembre de 2016

Mientras duró el olvido


Viniste sin avisar. No te había reclamado. Habían pasado tantos años y, sin embargo, algunas noches de insomnio recordaba todavía el sabor del vino blanco, las tímidas palabras, los ojos extraños, las caricias oscuras. Me hiciste olvidar y fui animal agitado, violentado, rendido. Mi pequeña dentellada inofensiva, tu aullido enajenado, un rayo fulminante, el cielo hecho pedazos, pájaros heridos abandonándonos, casi muertos, el sudor como llanto de tu sien. Llegaste y me hiciste olvidar y confundir
 delicia con dolor.  Luego el perdón mudo en el último abrazo. Y otra vez, la pérdida hecha costumbre, la lejanía de un tren.








domingo, 11 de diciembre de 2016

Czarne włosy*

Debido a F.




Encender la noche, la única noche,

injertándome en bulbos de luz.




* * * 





Black hair en polaco.


sábado, 3 de diciembre de 2016

Levedad



Parc de C. B.


Me piden que mire al cielo, a la copa de los árboles, que me deje eclipsar por la luz. Que vea el día. Obedezco. Madrugo. Casi sucede el milagro. 

El pajarito rechoncho que se acerca audaz y escapa, el cromatismo dorado que ciega a mis ojos hechos de sombra, el crepitar de las ramas en la ausencia de ruidos. Casi el milagro...

Una hoja allí arriba se tambalea. Me piden un verso de vida. Mi lengua lenta y perezosa trata de balbucear, de recomponer los sonidos. Pero enmudezco. Porque qué le importa a esa hoja - al mundo - si yo la contemplo y lo digo, si me ciego y me silencio, si la veo o no caer. 




martes, 29 de noviembre de 2016

Letraherida - "Che si può fare"



Las letras me hirieron con crudeza. Leerlas, trazarlas, habitarlas. Dárselas a él, a los otros, recogerlas del suelo, curarlas-me de su invisibilidad. Hay ojos que solo deberían saber del cielo y de las aguas: hacia dónde emigran los pájaros, con qué viento llegará la tormenta, en qué momento el retroceso de las olas acabará en un embate violento.



 Recuerdo nítidamente el primer momento en que puso el lápiz entre mis manos y el dedo con el que iba señalando mi voz infantil.



 Llorar hacia dentro, salinizar en columna dorsal, ensayar la caída, romper el tímido borrador del fracaso, tomar la mirada del loco que incendia los bosques y arrojar los libros al fuego.



 ¿Qué puedo hacer?



 Cerrar los ojos.



 Callar.










domingo, 27 de noviembre de 2016

GLORIA FUERTES


LA VIDA ES UNA HORA


La vida es una hora,

apenas te da tiempo a amarlo todo,
a verlo todo.
La vida sabe a musgo,
sabe a poco la vida si no tienes
más manos en las manos que te dieron. 
Al final escogemos un lugar peligroso,
un pretil, una vía,
la punta de un puñal donde pasar la noche. 


De Todo asusta (1958).




jueves, 24 de noviembre de 2016

Cuando ni siquiera la música



Ni la noche ni el día podrán distinguirse. 

El pozo seco será una extensión de la boca que no necesita beber, de la voz que ya no necesita el auxilio. 

Cuando ni siquiera quede la música el ser se doblará en su sueño de haber creído nacer para moverse en la ilusión de las esferas.

Nacer - desnacer. En medio nadie nada. Solamente la música. Hasta que acabe. 




Antônio Meneses & Maria João Pires - Bach: Pastorale BWV 590 (arr. Roemaet-Rosanoff)


BLANCA VARELA (V)



Noche afuera



ascender de la noche
hacia la oscuridad más plena
hasta encontrar agua que no se bebe
ni corre bajo el pie
agua que no se oye
ni se ve


o esperar en la boca del pozo
que se cierra
la cuerda que es carne de mi lengua
que te dice y te cuelga



El falso teclado, 2000.



lunes, 21 de noviembre de 2016

Treintaitrés



Pesan tan poco las piedras,

tanto los pétalos de las flores.

Quédate el amor que como a nadie

le fue dado,

tan grande para un ser formado

en la ausencia

en el hambre

en la sed.



Ya ha empezado a llover.

Ya han empezado a llorar.



El sueño es un hondo y largo río.



"Dearest,

I feel certain I am going mad again. I feel we can’t go through another of those terrible times. And I shan’t recover this time. [...] You have given me the greatest possible happiness. You have been in every way all that anyone could be. I don’t think two people could have been happier till this terrible disease came. I can’t fight any longer. I know that I am spoiling your life, that without me you could work. And you will I know. You see I can’t even write this properly. I can’t read. What I want to say is I owe all the happiness of my life to you. You have been entirely patient with me and incredibly good. I want to say that – everybody knows it. If anybody could have saved me it would have been you. Everything has gone from me but the certainty of your goodness. I can’t go on spoiling your life any longer.
I don’t think two people could have been happier than we have been."






domingo, 20 de noviembre de 2016

Previsiones


Mañana será lunes 21 y lloverá.

A diferencia de aquella mañana de lunes lluvioso 
del 21 de noviembre de 1983,
alguien muy pequeño y empapado en flujos y sangre
estará desatendido,
sin el coro que le envuelva en aliento, dicha y vida.

La placenta será un teléfono roto, apagado.
El cordón, la soga de un larguísimo sueño. 

A diferencia de aquella mañana de lunes lluvioso,
no nacerá,
sino todo lo contrario. 




lunes, 14 de noviembre de 2016

La última luna




Te veo alejada y borrosa, como todo lo demás. No me ha extasiado ni tu brillo ni tu cercanía. Solamente, bajo la neblina, creí ver en tu blancura la cara de una niña aterrorizada. Quizás un fantasma en el reflejo de un estanque de leche. 


Nada especial, como esta última semana, mi última luna. 








martes, 8 de noviembre de 2016

CHANTAL MAILLARD




Ofuscada         dis

traída de la acción
rutina

araña errática


en su afán por

seguir tejiendo

acierta


justo allí

donde el desgarro.




De La herida en la lengua, 2015.