Hoy no es el día 1. Este duelo empezó incluso antes de que la pérdida se gestase. Ya lo intuía. Mi intuición es mi inteligencia, una confusa guía.
La gata tampoco sabe qué ocurre, pero también lo intuye. No viene a morderme, como hacía normalmente, porque no juego con ella, porque no le ayudo a liberar tanta energía de fuego atrapada en una jaula pequeña, sin tierra, sin plantas, sin animales que perseguir, sin olores, sin su medio natural. Me observa alejada con una extraña condescendencia. Ella no sabe qué es la pena, sin embargo entiende que este llanto y la inmovilidad de horas y horas casi inerte en una cama de aquella que la rescató, luego desapareció y ahora es quien le provee la comida y recoge sus desechos, esa gata grande está profundamente destrozada. Y se recuesta a lo lejos y observa y sólo cuando me levanto al baño o a buscar más pastillas, ella se despereza con un pequeño maullido que podría ser el quejido que no me sale de esta voz enmudecida.
Vishuddha contiene el grito que no es capaz de romper los espejos.
*
No puedo ducharme, no puedo vestirme: la ropa vino de su mano, mi interior lo colonizó su mano, su tacto quedó impregnado como resina de jara por todo Venus, mi vientre, mis pechos. Su dentellada animal dejó una herida incurable en mis pezones, en mi cuello, en mi boca. No puedo hablar, no puedo comer. Solo se me permite llorar: el recuerdo de su mano en mi cuello apretando hasta la asfixia.
La gata está aburrida de tanto drama. Duerme y duerme y espera a que venga quien es su protectora - mi hermana.
Ilusa, ansiaba el bálsamo de su frotamiento como una caricia, el oro de su lomo y de su cola, el oro de sus ojos en mis retinas, la compasión animal vertiéndose en la grieta: Kintsugi la llamé hace 3 años. Hoy solo soy esa mala madre que llora, llora y llora, que no se mueve, que no juega. La gata no reclama, si pudiera hablar me diría: "también tú y yo tenemos una relación kármica. Quizás tanto dolor te lo merezcas. Aprende la ferocidad del instinto, vive, sé y vuelve siendo la gata que reina en su territorio. Y deja ya de llorar por otro animal cobarde, me hastía tanta lástima infértil y alteras mi calma. ¡Yo sí estoy aquí, juega conmigo!"
P.s. Escribo sin mirar atrás, por puro impulso. Escribo aquí para evitar enviar mi palabra a lugares prohibidos. Si me lees, no me juzgues, estoy cansada, muy cansada, poco importan las palabras, solo el hecho: estoy, sigo, todavía.





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