domingo, 2 de agosto de 2026

Diario del duelo. Noche 2 o 3: stellae fixae

 



Cada mañana salía a pedir agua a un pozo . Pedía, rogaba, suplicaba. El pozo no oía, el pozo no me veía. El pozo estaba seco. 


Pero fue mi sed la que hizo estallar el vaso.


Pero fui yo: calor, lealtad y hogar, la que desbordó y estalló el vaso...


*


La danza entre la que persigue y el evitador tuvo que parar por un rayo. Incendio que abrasa o incendio que hiela: la tierra quedó yerma. 


*


Mi rostro está quemado por la sal, sin embargo sé moverme en los abismos y mirar a la muerte a los ojos sin temblar y voy a resucitar y voy a brillar con tal intensidad que no tendré que volver a rogar: te quiero, te necesito, mírame, soy yo, estoy aquí, sé mi hogar. 


Soy ese agua pura, saciante, libre de manantial mágico que fluye, oculto y misterioso, entre las rocas. Solo una vez en la vida. Si se abandona, no se volverá a encontrar. 


Soy ese agua, no el estanque, no el pozo, no la aridez:  soy el agua. 


*

Antares, Picas, Bungula, Sirius, Regulus y otras estrellas fijas titilan dentro de mi pecho para darme un mensaje de consuelo que me ayude a dormir: 

No esta noche, no mañana, pero no tardará en suceder: vas a beberte con el mayor y más absoluto placer toda esa belleza bendecida. No más sed. 


*

Libre te quiero,

como arroyo que brinca

de peña en peña,

pero no mía.

 


*

Así será. 


*

Pero, oh, dios, cómo te echo de menos. Algún día, lo sé - más bien es mi corazón quien lo sabe cual Pitia de Delfos exhausta en sus trances- rogarás sediento en silencio al pozo seco y me recordarás...





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