martes, 20 de enero de 2015

Resurreciones



Me insuflas aire y aire y más aire. Descargas, titán amable, toda tu fuerza sobre mí. Quieres salvarme, vives para salvarme. Te llamas amor y en tu nombre agitas los cielos, las tierras y allí, donde vivo, las aguas más turbias.

Entonces me sonríes, gesto de héroe creyéndose victorioso y esperas encontrar vida, recobrar la vida y me miras a los ojos, a lo más profundo de los ojos y crees verme allí. Y no te das cuenta del engaño, trampantojo. Y no sabías que todo este tiempo estuviste mirando a través del cristal de un acuario
de peces inertes.


(Y que ésta que tratas de salvar, ya está irreversiblemente muerta.)









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