viernes, 30 de noviembre de 2007

BUSON (II)


Los días lentos
se apilan evocando
un viejo antaño.


(Trad. de Antonio Cabezas)


Confesión interactiva

Lucía se mató, pero yo, aun despojada de nombres, de hombres, de empatía y simpatía por él, estoy celosa.


martes, 27 de noviembre de 2007

Cajita-anuncio para Lorenzo




Joseph Cornell



Lucía se ha matado.
Quiso conservar un mundo en una caja 26x37. Pero se derramó la arena y su refugio en primera línea no resistió el nuevo embate. Se hizo de noche, leyó a Alfonsina. Encendió el ordenador, ni una sola palabra. Comprendió de pronto. Fue la noche, fue la noche.
Lucía se bañó desnuda una soleada pero fría mañana de noviembre. Dejó una nota cosida a su ropa abandonada: "Ya no me arroparás, nunca".




La voix du monde (III)



Desharé todos los vínculos necesarios. Si soy innecesaria, nunca disponible.
La palabra mágica se pronuncia perdón.
Pero él siempre se niega, se calla, desaparece, no me avisa.
¿Por qué un día cometí la ocurrencia de enamorarme de un higo chumbo?




Me decía bichíto mío, como a alejandra, bichito, bichito, no te dejaré morir



La noche en el fondo del vaso.
Tú no estabas en ninguna parte,
era fácil escaparme.
Deshice el gesto, me retracté
de mis palabras, nunca más, juré,
todo pendía de mis manos.

Por la superficie de aluminio,
entre cáscaras y ceniza mal arrojada,
paseaba una hormiga extraviada.
Mi dignidad en el fondo del vaso.
Aplasté a la hormiga a conciencia
y lloré al verla morir.



JULIO CORTÁZAR


AQUÍ ALEJANDRA


Bicho aquí,
aquí contra esto,
pegada a las palabras
te reclamo.
Ya es la noche, vení,
no hay nadie en casa

Salvo que ya están todas
como vos, como ves,
intercesoras,

llueve en la rue de l'Eperon
y Janis Joplin.

Alejandra, mi bicho,
vení a estas líneas, a este papel de arroz
dale abad a la Zorra,
a este fieltro que juega con tu pelo

(Amabas, esas cosas nimias
aboli bibelot d'inamité sonore

las gomas y los sobres
una papelería de juguete
el estuche de lápices
los cuadernos rayados)

Vení, quedate,
tomá este trago, llueve,
te mojarás en la rue Dauphine,
no hay nadie en los cafés repletos,
no te miento, no hay nadie.

Ya sé, es difícil,
es tan difícil encontrarse

este vaso es difícil,
este fósforo,

y no te gusta verme en lo que es mío,
en mi ropa en mis libros
y no te gusta esta predilección
por Gerry Mulligan,

Quisieras insultarme sin que duela
decir cómo estás vivo, cómo
se puede estar cuando no hay nada
más que la niebla de los cigarrillos,

Cómo vivís, de qué manera
abrís los ojos cada día

No puede ser, decís, no puede ser.

Bicho, de acuerdo,
vaya si sé pero es así, Alejandra,
acurrucate aquí, bebé conmigo,
mirá, las he llamado,
vendrán seguro las intercesoras,
el party-para vos, la fiesta entera,

Erszebet,
Karen Blixen

ya van cayendo, saben
que es nuestra noche, con el pelo mojado
suben los cuatro pisos, y las viejas
de los departamentos las espían

Leonora Carrington, mirala,
Unica Zorm con un murciélago
Clarice Lispector, aguaviva,

burbujas deslizándose desnudas
frotándose a la luz, Remedios Varo
con un reloj de arena donde se agita un láser
y la chica uruguaya que fue buena con vos
sin que jamás supieras
su verdadero nombre,
qué rejunta, qué húmedo ajedrez,
qué maison clase de telarañas, de Thelomions,
qué larga hermosa puede ser la noche
con vos y Joni Mitchell
con vos y Hélène Martin
con las intercesoras

animula el tabaco
vagula Amaïs Nim
blandula vodka tónic

No te vayas, ausente, no te vayas,
jugaremos, verás, ya están llegando
con Ezra Pound y marihuana
con los sobres de sopa y un pescado
que sobrenadará olvidado, eso es seguro,
en una palangana con esponjas
entre supositorios y jamás contestados telegramas.

Olga es un árbol de humo, cómo fuma
esa morocha herida de petreles,

y Natalía Ginzburg, que desteje
el ramo de gladiolos que no trajo.

¿Ves, bicho? Así. Tan bien y ya. El scotch,
Max Roach, Silvina Ocampo,
alguien en la cocina hace café

su culebra cantando
sus terrones un beso
Léo Ferré

No pienses más en las ventanas
el detrás el afuera

Llueve en Rangoom —
Y qué.

Aquí los juegos. El murmullo
(consonantes de pájaro
vocales de heliotropo)

Aquí, bichito. Quieta. No hay ventanas ni afuera
y no llueve en Rangoom. Aquí los juegos.


(De Salvo el crepúsculo)





miércoles, 21 de noviembre de 2007

Me llamaron Noviembre (III)


Y de repente, soplando y soplando, retando a las arañas del tiempo, sin entender dónde y por qué he estado escondida debajo de la mesa, llegué hasta los 24.



Me llamaron Noviembre (II)


Noviembre, pero hoy estoy tan feliz, tan feliz, sintiéndome tan querida, tan hermosamente observada, como en aquellas fotografías de los días eternos en la playa.


Me llamaron Noviembre



"- Todavía me acuerdo, yo sentada en el sillón de tu abuela, te cogía así y apoyaba tu cabeza contra mi hombro, recogidita, dormidita, tan pequeña. Así nos pasábamos las horas muertas.
- ¿Y no lloraba?
- No, no dabas problemas, eras tan buena. Tan simpática y cariñosa.
- Fíjate, luego todo cambia."




lunes, 19 de noviembre de 2007

KOBAYASHI ISSA


Crepúsculo de cerezas.
También hoy se ha convertido
en pasado.



(Trad. de Ricardo de la Fuente  y Shinjiro Hirosaku)


Azul


Nunca llegó a bajarse del vagón 1,
asiento 63, ventanilla.
Las vías que la alejan del norte,
península atravesada en traqueteos
como una flecha en camino
certera y estalla entonces el corazón.
Las venas que crecen y crecen
buscando enroscarse en su garganta.

Han pasado ya demasiados años,
por qué entristecerse, todo está bien.
Todo está bien, pero azul ceniciento,
pinceladas metálicas para tapar nubes
en las que reconoce su cara esponjosa
de niña llorosa que no supo perder,
que nunca quiso bajarse del tren
que la trajo irremediablemente de vuelta.




domingo, 11 de noviembre de 2007

BUSON


No hay canción de respuesta,
joven cortesana;
declina ya la primavera.


(trad. de Fernando Rodríguez-Izquierdo)

martes, 6 de noviembre de 2007

"Palpo el botón de dicha..."


pero amor mío, no me erizo, no lloro, no siento nada,
es culpa de unas partículas, de unas sustancias, yo no entiendo, que no me funcionan, que se me han perdido en algún lugar del cuerpo y no las encuentro, y no se me recomponen, no las veo formando fila en uno de esos hexágonos de signos que siempre me parecieron indescifrables. Se perdieron y si me palpas no me dejan quererte, así de inerte, hierática como una momia de corazón vivo, con la sonrisa fingida, con la oquedad deshabitada, con un cementerio marino de peces que fueron muriendo al paso de mi tristeza. No ha vuelto ningún temblor con el que horadarte, pero déjame a tu lado, yo dormiré mientras que tú lo intentas todo.


Duloxetina y los sufijos intoxicados



- Las pastillas me embalsaman en vida
- Pero la adrenalina, porque la serotonina...
- en vida, en vida, no pararé hasta aprendérmelo de memoria
- ¿No tienes recetas?
- ¿Qué hay mañana? ¿y pasado mañana? ¿y después?
- Durante el desayuno, ya veremos cómo reaccionas esta vez.
- Yo quisiera no hablar nunca más y no resultar extraña,
solamente gesticular cuando sea necesario, no saber más, no herirme nunca más. Nunca resultar extraña, nunca el acecho del rechazo por ser así de idiota. No hablar, no es más que eso.
- Vuelve al mes que viene.
- Dicen que la carta de Sylvia se extravió o que su respuesta no llegó a tiempo. Y que ella no quiso hacerlo, realmente no quiso hacerlo.




lunes, 5 de noviembre de 2007

JOSÉ ÁNGEL VALENTE (II)



El amarillo, el verde, el encendido
rojo sólo para morir
bajo el tendido velo del otoño.

La luz no está en la luz, está en las cosas
que arden de luz tenaz bajo la lluvia.

Nada tiene más fuego en sus entrañas
que la melancolía ardiente de esta hora.

Nada tiene más fuego que la ausencia.
¿Llorar?
Lloradme nunca.
Me he perdido
con el aire en las bóvedas tan bajas
de un cielo que, piadoso, me disuelve.

(Días de octubre de 1996)




(De Fragmento de un libro futuro)