sábado, 29 de octubre de 2016




Tentación de decir
yo
abrir con gritos 
un hueco
en las paredes

pero nadie


Silencio




miércoles, 26 de octubre de 2016

A las 4 de la mañana...


A las 4 de la mañana empiezan a cantar los pájaros. Mi hermana murmulla cantarina y se ríe en sueños. Yo me quedo enajenada esperando el milagro frente a la pantalla mirando a un vacío. Sin esperanza. Sin sueño.
No quiero ir a dormir. Temo tanto las pesadillas, prolongaciones imparables de mis días de los que sólo despierto en un sobresalto, llorando.
Envidio la nocturnidad de los otros. La somnolencia tranquila. El despertar armonioso en la inercia animal.
Las ganas de vivir. A pesar de, a pesar.

Leteo



He marcado sobre la vena traslúcida el camino vertical que he de seguir sobre esa nave afilada del infierno. He escrito a un lado de mi escuálida muñeca"Leteo", por si al morir, antes de que mi carne se descomponga, no recuerdo hacia dónde iba.




"Dona nobis pacem"



Estar es el desorden, el espanto, el desgarro: la muerte. 


Déjame irme libre. Déjame irme en paz...







Clinofilia




Estoy tan muerta, tan aferrada  a mi subterraneidad. No quiero ser salvada. No quiero. Hablo ahora porque luego no podré. Digo ahora por reclamar visibilidad, porque una vez silenciada seré inmediatamente el más absoluto olvido. (¿Pero acaso alguien me está recordando en este o cualquier otro instante? ) Como ahora, prescindible, sin eco en la voz que rebervere más allá de este encierro, pero esparcida en algún lugar del viento. Muerta. Libre. 



martes, 25 de octubre de 2016

Más allå



Pienso en los días que no veré.

Me consuela saber que no serán muy distintos a estos.

Sólo se precipita el tiempo, la carne,
no las ganas de morir.






Pude ser tan feliz.

Y no quise,

o no supe hacerlo.





Adiós, música (II)



Va llegando un sueño que no me hará llorar. A lo lejos, la música, la música alejándose, la música desapareciendo. Ninguna imagen, ningún lazo atándome a un cuerpo. Ningún arrepentimiento. La dulce gravedad del sueño que me libera de mí.

La paz es esto: mi desintegración durmiente en un silencio inconsciente.





lunes, 24 de octubre de 2016

Desmembramiento








El cuerpo habla del cuerpo
El cuerpo le habla al cuerpo
Materia tangible y maleable
De una malherida opacidad


Adiós, música



A Chomsky y a mí nos atacaron a la puerta de casa. A él de día, a mí de madrugada. A mí me despertaron los alaridos de mamá. Los míos, a nadie. El gato murió al instante. Yo, desgraciadamente, aunque moribunda, parece que soy indestructible. Él no quería morir. Yo sí.






***




Hace siete años, hoy, me atacaron de madrugada. Me abordaron por detrás, me taparon la boca unas manos fuertes y oscuras a tan solo unos metros de la puerta de mi casa.
Me defendí a dentelladas. Instinto animal. Supliqué sollozando. Y una pareja a lo lejos disuadió a ese ogro silencioso (así le llamé entonces en los escritos que me recuerdan el episodio) y le hizo salir huyendo.
Nunca antes había conocido el miedo.

Ahora que estoy más muerta que nunca, que el miedo fue devorado por la desexistencia, lamento que no me hubiera matado.





domingo, 23 de octubre de 2016

Clinofilia*



Cómo voy a dejarme ser querida si ya no me pertenezco. Antes, hace mucho tiempo, sufría salvajemente por no llegar a ser amada, porque mi salvador no aparecía. Pero estaba ahí.
Se reveló por fin y la maravilla del mundo fue tan hermosa que me dejó extasiada, ciega. Sin embargo tanto amor traía la muerte consigo y la dejó sembrada en mi vientre. De eso, hace mucho tiempo. Me quedé desolada como la tierra tras el más devastador incendio. He vivido sonámbula, bocabajo, perdida, destrozada, destruida. Animal contranatura. Ya no sé amar. Ya no puedo amar. Cómo hacerlo. Hace tiempo, mucho tiempo, buscaba quien me salvase del mundo, de mí. Ahora que ya no me tengo, que he desatado violentamente los más íntimos lazos, ahora que soy fiera que devora sin consideración si acaso te acercas- Ahora que solo espero morir, busco a quien me pueda matar. Rematar. Camino desangrada hacia la piedad más alta. Déjame morir. Déjame.


***


La niña iluminada que vio la muerte llegar cuando todos veían vida.
Yo.




***



Marchaos. Volved cuando haya sanado a darme un beso en el pecho. O, cuando ya no esté, a besarme la frente arrugada y fría. Traed siempre flores violetas. En realidad no me gustan las flores, pero será un hermoso gesto tardío.






* Gracias, amor, por tus diagnósticos...



sábado, 22 de octubre de 2016

Ahogarme



El agua no me limpia,
el agua no me hidrata.

Sed, sed y más sed.

Tendrá la fuerza 
necesaria
para arrastrame
o para hundirme
-me pregunto-



Abandono




Llorar hasta en los sueños. Quebrada en todos los estados, en todos los estadios. Sentir el abandono tan hondamente que no saber ya si despertar o no.


***


Thailandia. Amigas íntimas que me llevaron y me dejaron completamente sola. Collares y pendientes que me maravillan y no puedo comprar. Sin dinero. Insectos crueles. Hombres que regresan para recordarme que no quisieron amarme.  Abandono absoluto en el atardecer de las aguas más hermosas. Instinto de muerte. Morir. Morir. Morir






viernes, 21 de octubre de 2016

En un mes



Exactamente un mes.

Dentro de un mes cumpliré 83 años.

Será la última vez que lo haga.


lunes, 17 de octubre de 2016

"Erbarme dich"


Encontrar a dios. Fulminarlo. Perderlo. Fulminarme. Perderme.

Sólo sobreviviré en la música.





4: la sedienta insufrible



Poder ponerle nombre: E4 subtipo sexual. Y que me entiendas y que me perdones y que no me abandones...


17/10/15

Ya entrado el otoño, el patrón de conducta será idéntico al de cada año. Buscará aquí dentro el chillido que no le sale fuera. Sentirá mucho frío. Irritabilidad y abandono. Entonces, para saciar su necesidad de destrucción, matará (trastorno de psicópata emocional) a todos aquellos a quienes quiso intensamente y ahora siente que ignoran su existencia, su relevancia en la vida. Rasgará las cortinas, bajará violentamente las persianas, tapiará puertas y ventanas y romperá escandalosamente todo lo que le quedaba de valor. Si alguna vez escribió, arrojará los papeles al fuego. Incendiará la casa. Querrá morir, morir mucho, morir desesperadamente. Como una castración de complejo mitológico se lo impedirá, cerrará el círculo de fuego donde crepita su desastre. Te borrará de todas las agendas. Llena de ira irá luego desnuda y enajenada por tanto dolor hacia la pira sacrificial. A esperar. Atormentada. Arrepentida. Llorando.


miércoles, 12 de octubre de 2016

Pequeña Eurídice


Le dijo la pequeña Eurídice mordida por las olas:

"No vengas a buscarme, mamá, no regreses, no cantes. 
Ni siquiera la música puede calmar a tus fieras. 
Viviré eternamente en tu vientre, dentro de ti. En tu infierno."





No escribir




No puedo escribir.

No hay palabras verdaderas que se ajusten a la tempestad, a la rabia, a la profundidad subterránea, al silencio de la voz, al desgarro del vientre, al sabor de la tierra prematura.



No puedo escribir,
estoy sometida a un dolor
inefable. 









Abandonos



He tenido tres sueños aderezados con la fiebre. Como sucede últimamente, agitados, convulsos, traumáticos. En el primero tenía un nuevo amante que me dejaba por la mañana en la puerta de su luminoso apartamento.
En el segundo rompía con toda mi familia materna, trastocaba las buenas maneras, la diplomacia envenenada de la rancia aristocracia. Obligaba a los míos a salir precipitadamente de la casa de mi abuela muerta entre gritos de indignación y blasfemia. Pero no cabíamos los cinco en el coche. Decidí que era yo la que sobraba. Determiné también que mamá no me quería. Así que me marché llena de ira y dolor, descalza, sedienta, buscando la carretera y la muerte.
En el tercer y último sueño voy en mi línea 1 dirección al centro. Dentro del metro nos avisan de una avería, hay que cambiar de vagón. Una azafata nos guía por un laberinto de puertas hasta llevarnos al puerto. Montamos en un ferry. En apenas tres minutos me bajo en mi destino. Ha oscurecido. Estoy en el paseo marítimo de I. Encuentro a papá al lado de una niña pequeña, jugando con ella con el mismo ritmo parsimonioso, mecánico y ausente con el que movía la vaquita de juguete con la que animaba al gato. La niña es flaquita y risueña, de ojos color verdemiel enormes e hipnóticos. Dice que se llama Maripili. Papá realmente no sabe su nombre, se la dejaron sin más y ella cada día mira el calendario de la cocina y se hace llamar por el santo que toca. Le pregunto su edad. Cinco años, casi. Si tiene amigas. Su sonrisa se tuerce un poco y contesta que sí, alguna, bah, con decaimiento. Creo que es más feliz jugando sola. Miro a papá para decirle que le libero de la niña, que me ocupo de ella, que vaya a casa. Un chasquido de segundo y de repente la niña ya no está ahí, ha desaparecido. Corremos gritando su nombre del día por todo el paseo marítimo. La buscamos debajo de los árboles, entre las plantas, entre las estructuras de madera. Siento que es en vano. Mis pálpitos son más certeros que toda lógica. Pregunto por ella a todos los niños que encuentro a mi paso. Todos se esfuerzan en su búsqueda. Dónde se metería una niña de su edad, piensa, Cecilia, hacia dónde habrías ido tú a su edad. Sé que es en vano. De pronto la noche es total. Miro hacia la playa. El rugido de la marea en otoño. La violencia del oleaje que salpica más allá de la arena. Los peces muertos que ha vomitado a mis pies. Entonces lo comprendo. No sigo buscándola. A mi hija se la llevó una ola. Mi niña se ha muerto en el mar.

jueves, 6 de octubre de 2016

Detritus



...


.

miércoles, 5 de octubre de 2016

La ira



Una herida en forma de rama desnuda que atraviesa toda la pantalla. Visibilidad de mi invisibilidad: la miro y me veo reflejada en las aguas más turbias. El impacto contra el suelo, la tormenta repentina. Grito silencioso en la violencia del cuerpo. Ensayo inconsciente, insólito y descontrolado. La rabia desgarrada, la fuerza de la aniquilación.
Este teléfono ha sufrido mi ira.

No escribir.
No decir.

No tener.

Destruir - me.










lunes, 3 de octubre de 2016

No decir



No  ser. No decir. No más. 

Ira. Irme. Solamente irme. 

Déjame irme, palabra. 

Déjame irme, vida.










Norrsken


Antes de cerrar los ojos, llenarme de la última luz. No la más blanca, sino la de un zorro que cruza un cielo verde para despedirme. 

Me voy sin mi sueño secreto: haber llorado abrazada a ti bajo las auroras boreales.


Karin Borg · Norrsken
https://open.spotify.com/track/3toYHht60pj16nNK0e2HZy



Grado 0



Cuando escribía, las manos eran el deshielo de mis silencios. Escribía porque no sabía decir de otro modo. Sin embargo, ahora, el proceso se invierte. Mi cuerpo a temperatura ártica mutando en sacudidas de temblor y llanto: el agua se vuelve hielo, las manos se vuelven hielo, rígidas como la palabra escrita en el corazón incorrupto del ámbar.



domingo, 2 de octubre de 2016

Desahuciada


No tengo adonde ir. No hay tregua ni en el sueño. Ya no son apasionantes historias. Oasis de vida. Es ansiedad. Sobresaltos. Corazón agitado. Llanto sonámbulo. Cuello mojado. He dormido dos horas en las que iba a buscarte para hablar contigo. Nunca he dejado de quererte. Allí están las otras, las rivales, las que me hundirán porque siempre salen vencedoras. Acabo por un proceso kafkiano sin juicio en una cárcel. Solo tú puedes salvarme. El tío de la garita, fuerte, rudo, rubio, de tez rosada y manos enormes y agrietadas me hace rellenar un papel. No vas a saber que soy inocente, que te quiero, no habrá defensa y nada de acercarme a ti o me desfigurará a golpes y a ti te hará desaparecer. Podrá, eso sí, violarme cada día. ¿Qué hice para estar aquí encerrada? Sales de un largo pasillo en el que espero encontrarte y poderte decir ayúdame, aléjate de ellas, te están engañando, yo te quiero, te he querido toda la vida, ayúdame. Pero sales de esa sala de visita sin acceder ni a mirarme. Me arrojo a tus piernas, llevas vaqueros. Escúchame, ayúdame, espera. Te marchas. Solamente una chica, rubia, de pelo corto ondulado con gafas, delgada, de gesto amable, tal vez abogada de oficio de otra presa, accede a anotar un mensaje para ti. Entonces recuerdo todos tus datos, hasta tu número de teléfono. Dice que le quiero, dile que le quiero todavía, que me saque de aquí, que nunca he hecho nada malo.  Siempre fui inocente.


Despierto. No tengo a quien contarle. He de contar para que se vaya esta pesadilla. Para que cada elemento se limpie y entienda por qué este sueño ha sido señal de vida o sentencia de muerte. 


La hora más oscura


Quiero morir. Mi cuerpo ya está preparado. En la náusea, el vómito, la delgadez, el pelo que se cae a matojos para enseñarme un cráneo pulido. Se va replegando, mostrándome los huesos, la claridad de las venas, el sabor de la bilis, la sangre. Las ojeras, el cerco de los ojos huecos, los sarpullidos, la carcasa de un animal en descomposición. Me persiguen las moscas, se me pegan en las costras y en el llanto. Quiero morir, no hay belleza que mantener ni talento que tardíamente vaya a eclosionar. No hay amigos ni amor que perdurarán. No sucederá nada, se perderá todo. Para qué dilatarlo. La soledad del cuerpo viéndose abandonado a la invisibilidad. El hedor de una muerte que siento cada minuto en mí. En los poros, en el aliento, en la voz, en el espejo, en la fugacidad de la mirada de los otros. En esta terrible soledad, en este atroz despojo de mí. También en sueños la siento.  Quiero morir. Ya. Quiero morir.