miércoles, 15 de julio de 2009

Historia de la niña lechuza perdida en la ciutat



Se envolvió en hojas y ramas,
rompió los relojes de arena,
liberó a los pájaros
que anidaban en su memoria,
se dejó mecer por ellos.
Renegó de la palabra
de las mujeres ordenadas
(esas que ubicadas en sus cuadrículas
creen sentirse felices),
prefirió callar, no preguntar,
no trazar un camino.
Plegó los mapas, cerró los ojos,
descubrió sus diminutas manos
escondidas - torpes y heridas-
e invocó al azar mirando al cielo.
(Pobres muchachas nubladas
que todavía creen en la magia
y sus migajas de pan).
Pero sucedió, reapareció él,
tropezó contra su pecho de ámbar,
antiquísimo amor-mosquito
aún latiendo en su resina
y arañando la frágil corteza
lloró por cada extravío
en la corriente de una ciudad
que otra vez la arrastraba
desnuda,
perdida,
dolorosamente
enamorada.




2 comentarios:

Juanjo dijo...

Leo de arriba abajo el texto: De costado a costado, de extremo a extremo en sentido diagonal. Hago barridos caprichosos, aleatorios: leo omitiendo palabras, traslocando, concatenando. Leo la primera línea luego la última y simétricamente voy avanzando línea a línea hasta llegar al centro y resuelvo una sola cosa. Una sola y misteriosa cosa, que aún resuelta, no termino de entender qué es. O yo tengo problemas de comprensión lectora o el texto no fue escrito para mí. Tal vez sea lo último: bienaventurado el lector a quién le calcen estas letras a la primera.
Saludos

Cecilia Sainte-Naïve dijo...

No escribo para nadie, escribo para mí, quizá a veces para quien sabe bien que la niña lechuza llora de noche con ojos muy grandes, que pierde el tren de vuelta cada vez que viaja a barcelona y que vive expuesta a los caprichos de un azar que hace que un amor no se acerque y otro aparezca de repente. Pero no puedo decirlo de otro modo y tampoco trato de que se comprenda, ´soy una medium de mí misma, no acicalo mis soliloquios para el aplauso. Lo siento.

un beso, sin embargo.