lunes, 21 de enero de 2008

Trincheras


No es porque hoy no ame y sólo odie demasiado, indiscriminadamente, vengativamente, odio y odio con berrido herido. No es por eso, es porque observo, me aislo, analizo y encuentro el problema de esta cuestión de incompatibilidad sentimental. Mi discurso, aunque errado y agónico, es sensato, descorazonado y transparente. El suyo una secuencia de delirios edulcorados, producto de la hipnosis pasajera y el embobamiento hormonal. Porque nadie más estúpido que un hombre enamorado.


3 comentarios:

Carz dijo...

Equivocarse con sensatez...
prefiero acertar con (la) locura.

Fernando dijo...

¿igual que una mujer enamorada?

Cecilia Sainte-Naïve dijo...

no, peor aún. tampoco pretendía una escisión sexista, son sólo observaciones y casualidades (todos, todos, imbéciles)